¿Cómo lidiar con un mal jefe? - Claves para afrontar este reto

 

"Antes de convertir empleados en colaboradores, tenemos que transformar los jefes en líderes. Las personas solo se ponen la camiseta de la empresa, cuando la empresa se pone en los zapatos de su gente" Juan Carlos Gutiérrez.


Puedes poner en Google "cómo ser un buen líder" y seguro que te saldrán un sin fin de cualidades esenciales y consejos para manejar un equipo de trabajo. Sin embargo, suena muy fácil cuando está en internet. 

Para mí, lo fundamental es el ejemplo. Tú sigues a quien te inspira. Si tenemos líderes que con su ejemplo demuestran valores, calidad humana, seguro que tendremos colaboradores más comprometidos y equipos más integrados. Por eso, todo líder debe dedicar tiempo y sobre todo tener ganas para tomar mayor conciencia de sí mismo, de cómo se comunica, de cómo retroalimenta, de cómo promueve el trabajo en equipo, de cómo permite la autonomía, promueve el crecimiento y la flexibilidad, de cómo recibe ideas y permite participar. No podemos exigir de lo que no tenemos para dar. 

Ahora, ¿la realidad? Tenemos jefes que no los capacitan para ser líderes o no tienen el interés, el tiempo o las herramientas para hacerlo. Entonces, como subordinados tenemos la enorme labor de movernos de allí, y sino se puede (porque a veces renunciar en el momento no es una opción por diversos factores), nos vemos obligados a aprender a vivir con ello: 

¿Cómo?

 Aunque podamos exigir respeto de manera directa a nuestro jefe, hay ciertas actitudes, gestos, maneras de manejar al personal o simplemente su lenguaje no verbal que nos esté haciendo daño, y que siendo sincera no vamos a comunicar esa molestia, por lo que revisar qué de esta experiencia me puede dejar un crecimiento personal y profesional será de gran ayuda. Aquí expongo algunos aprendizajes: 

1. El comportamiento de tu jefe habla más de él/ella que de ti. Está lidiando con sus propias batallas y no tiene más recursos para afrontarlos. Aunque eso no es excusa, te da un contexto de su funcionamiento.

2. Ten mente que la relación con tu jefe es netamente laboral, por lo que es importante que pongas limites desde el respeto para que no te afecte a nivel personal su tipo de personalidad, que tal vez es incompatible con la tuya. Intenta la comunicación asertiva para indicarle en lo que no estás de acuerdo. Aunque es normal que te enganches y te desmotives, cuídate para que cuando salgas de tu trabajo te descargues, proceses las emociones y no te lleves eso a casa. 

3. Estás aprendiendo a cómo no ser jefe o liderar. Curiosamente, el jefe que tienes es un espejo para ver qué ejemplo no seguir, o todo lo contrario, si es positivo lo que recibes, aprender sobre qué acciones seguir en tu camino laboral o cómo podrías hacerlo mejor a futuro. 

4. No sacrifiques tu salud mental por tu jefe. Ningún jefe entregaría todo por un colaborador (o al menos no he visto el primer caso donde eso pase), así que haz muy bien tu trabajo, pero no pierdas tu vida por un jefe que no te valora o no te reconoce. Da lo mejor que tengas hasta donde puedas, y el resto enfoca tu energía en tu familia, tus sueños, tus hobbies, en tu bienestar y felicidad. 

5. Registra los hechos objetivos de lo que te está pasando, comentarios puntuales y acciones. Esto es importante, porque se pueden tolerar hasta ciertas actitudes de tu jefe. No obstante, si el límite se está pasando y percibes que tu integridad y dignidad están siendo vulneradas, debes estar atentx a que no estés viviendo acoso laboral, ya que si es el caso, por más duro que sea esto se debe denunciar. No podemos normalizar los malos tratos, no lo merecemos. 

6. Ante tu jefe muéstrate con trasparencia, dispuesto, comunícate de forma adecuada y con frecuencia; en los momentos de confrontamiento evita reaccionar de manera impulsiva. Busca hablar con alguien de confianza sobre lo que pasa y si sientes que esta situación sobrepasa tus límites o definitivamente esta situación está afectando mucho tu bienestar, puedes ir revisando la posibilidad de cambiar de área o de empleo mientras sigues trabajando. Aunque puedas comentar lo que pasa a RR.HH o expresarlo en encuestas de clima por ejemplo, la verdad es que el cambio de tu jefe no depende de ti. A veces hay dinámicas empresariales, estructuras organizacionales e hilos invisibles que es difícil de mover. 

Así que, no dejes que un mal jefe te defina o limite tu potencial... no dudes de tu valor como profesional. Reconócete lo que aportas.

¡Sigue avanzando y trabajando por tus proyectos en cualquier lugar en el que estés!





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